$0.99 (−80%)140
140 es un plataformas corto y exigente donde el nivel se mueve con la música. Guías una pequeña figura por cuatro niveles abstractos y llenos de color, calculando cada salto mientras las plataformas aparecen y desaparecen al ritmo. Al terminarlos desbloqueas versiones espejo sin puntos de control, para quienes disfrutan sufrir con elegancia.
¿Vale la pena 140?
140 vale la pena si…
- te gustan los plataformas de precisión basados en timing y repetición
- quieres un juego corto que puedes terminar en una noche
- disfrutas la música electrónica que dirige lo que pasa en pantalla
- te gusta desbloquear niveles espejo mucho más difíciles después de los créditos
Capturas de pantalla
Salta al ritmo
Corres, saltas y esquivas en niveles geométricos y minimalistas donde casi todo late al ritmo de una banda sonora electrónica llena de energía. Las plataformas aparecen y desaparecen, los peligros saltan, los pisos se mueven, y cada punto de control suma otra capa de música y otro truco por aprender.
Los controles son simples, así que el reto está en el timing y en leer los patrones. Las peleas contra jefes cierran las cuatro etapas y le dan la vuelta a esa misma lógica del ritmo. Reapareces rápido al morir, lo cual ayuda, porque las secciones finales piden saltos exactos repetidos hasta que salen.
Antes de jugar
¿Cuánto dura 140?
Poco. Los cuatro niveles principales con puntos de control le toman a la mayoría una o dos horas, y después te esperan cuatro versiones espejo sin puntos de control si las quieres. Son mucho más difíciles y están hechas para intentarlas una y otra vez.
¿Necesitas sentido del ritmo para jugarlo?
Ayuda mucho. Los obstáculos cambian con el beat, así que escuchar suele servir más que solo mirar. El juego te enseña esa conexión desde el inicio, y luego ajusta el timing cada vez más hasta que cada salto cae justo en el pulso.
¿Cómo son las peleas contra jefes?
Cada nivel termina con una, y se gana con movimiento y timing en vez de ataques. Cambian las reglas que acabas de aprender, así que quédate quieto, observa uno o dos ciclos, y muévete cuando la música te lo diga.


















