Gratiserdetspill Dos helados, una misión absurda
El abuelo quiere dos helados. La abuela ha muerto y te ha dejado 100 coronas, que alcanzan para uno. Así comienza un shooter en primera persona noruego y absurdo a través de bancos, trámites policiales, una solicitud de beca sobre el color del pan y la caja de KJIWI. Nadie en el pueblo comenta nada de esto.
¿Vale la pena erdetspill?
erdetspill vale la pena si…
- te gusta el humor tipo shitpost y los juegos que se toman una idea tonta completamente en serio
- disfrutas de juegos indie cortos y raros que puedes terminar en una noche
- quieres un shooter sin presión donde las misiones son el chiste
- le tienes cariño a los gráficos low-poly de PSX a 640×480
- te gusta explorar un pequeño mundo abierto en busca de secretos y misiones secundarias
Capturas de pantalla
Un encargo, papeleo infinito
La misión principal suena simple: comprarle dos helados al abuelo en KJIWI. Luego llegan los detalles. La herencia alcanza para un helado, comprar helado requiere identificación, así que solicitas un carnet en la comisaría. El segundo helado implica cobrar una beca de Lånekassa, donde la solicitud te pregunta por tu color de pan favorito. Cada paso es un lugar real que visitas y un formulario que debes resolver, y el juego lo toma todo con la cara más seria del mundo. Nadie comenta nada de esto, y precisamente por eso funciona. Toda la partida dura entre una hora y dos horas y media, y el final, cuando el abuelo por fin recibe sus helados, resulta mucho mejor de lo que tiene derecho a ser.
Un pueblo con su propia lógica
El pueblo es pequeño pero está lleno de cosas que tocar. Un alce lleva un RPG. Un poste eléctrico rapea. Los cuervos te matarán, un robot cortacésped pasea por ahí y los peatones siguen con su día. El humor es la parte más fuerte del juego, y el doblaje y la música lo sostienen muy bien.
Armas, muerte y tres puertas
Y lo vas a necesitar, porque los cuervos y el alce no son amistosos. Morir tampoco es el final. La partida de un jugador fue así: matado por un cuervo, mandado a volar por Dios, reiniciado, volado en pedazos por un alce con cohetes, dos encuentros más con Dios, un conejo rosa encontrado, un disparo al conejo y una silla eléctrica al final. Esa es una tarde normal por aquí.

















